"Los doce meses"
Anónimo
En un país donde los veranos son suaves y los
inviernos gélidos, allá en medio de la montaña vivía Marushka en compañía de su
madrastra y de su hermanastra.
Marushka era odiada por las dos mujeres que planeaban su muerte.
Esperaron a que llegara el invierno para poner en práctica su plan. De este
modo le ordenaron que fuera a buscar violetas a la montaña.
- ¿Violetas en enero?- preguntó Marushka .
- ¡Haz lo que te decimos! ¡Estamos cansadas de tanto invierno y queremos
violetas! ¡No vuelvas sin ellas o no entraras jamás en esta casa!.
La joven se marchó convencida de que nunca las encontraría.
Atravesó el bosque y subió a la montaña donde florecían las violetas en primavera.
Pero todo estaba cubierto de un manto de color blanco.
Oscurecía, estaba cansada y muerta de frío. De repente un extraño resplandor
apareció en frente. Se dirigió hacia allí y encontró doce figuras silenciosas
alrededor de una hoguera.
- Permitidme por favor calentarme en vuestra hoguera. Le dijo al anciano que
estaba sentado en una piedra en forma de trono.
- Dime niña, le respondió éste, ¿qué te ha traído hasta aquí?
Como podéis imaginar, una vez que la joven le dijo lo de las violetas , el
anciano decidió ayudarla, ya que él era el mes de Enero y tenía el poder para
hacerlo.
- ¡Ven hermana Abril -exclamó- y trae contigo las violetas!.
Acto seguido, una de las figuras encapuchadas se levantó y se despojó de la
capa. Una joven hermosísima fundió la nieve donde florecieron un sinfín de
violetas.
- Toma cuantas violetas necesites –le dijo Abril-, pero no le digas a nadie
cómo las has conseguido.
Marushka recogió las violetas, les dio las gracias y se puso en camino a su
casa.
Al llegar tanto su madrastra como su hermanastra se maravillaron ante la visión
de las violetas invernales, pero no les gustó nada que Marushka hubiera
regresado sana y salva.
Así que a los pocos días le pidieron fresas.
Marushka regresó de nuevo al lugar donde estaban los doce meses . Al
explicarles lo de las fresas fue el mes de Julio el que la ayudó.
Así fue como pudo regresar a su casa con las fresas para cumplir el capricho de
la madrastra y hermanastra.
Que al poco la mandaron a buscar manzanas.
El mes de Octubre fue el encargado de ayudarla esta vez. Fundió la nieve, hizo
aparecer un manzano, y le dijo que lo sacudiera y recogiera las que cayeran.
Como Marushka no quería abusar más de los doce meses lo sacudio con muy poca
fuerza y sólo cayeron dos manzanas.
Al llegar a casa su madrastra y su hermanastra se enfadaron tanto que la
acusaron de comer el resto, le llamaron mentirosa y la golpearon con la escoba.
Ambas decidieron ir a buscar más manzanas siguiendo las huellas de Marushka.
Al llegar al lugar donde se encontraban los doce meses del año, no hicieron
caso de las figuras. Se calentaron en la hoguera mientras hablaban mal de
Marushka.
Cuando Enero les preguntó:
-¿Qué os ha traído a este lugar?
Su respuesta fue: - ¿y a ti qué te importa viejo loco?.
Entonces el rostro de Enero empezó a oscurecerse, levantó su vara y ordenó al
viento que soplara.
Las dos mujeres fueron incapaces de encontrar el camino a casa , no se sabe si
se precipitaron por la grieta de un glaciar o si la nieve las enterró. El caso
es que nadie volvió a saber de ellas.
Marushka quedó sola en su casa pero cada vez que entraba un nuevo mes lo
saludaba como un viejo amigo.
Cuando llegó el mes de Octubre un joven llamó a su puerta pidiendo trabajo en
el lagar para hacer sidra.
Ya os imagináis cómo acaba esta historia.
Se enamoró de Marushka, se casaron y tuvieron muchos hijos.
Marushka demostró ser una madre sabia y cariñosa.
Enseñó a sus hijos que a medida que pasan los meses, éstos vienen hasta
nosotros, uno tras uno, y que cada uno de ellos, desde el caluroso Julio al
gélido Enero, es una bendición del cielo y un buen amigo al que se ha de querer
y respetar.